PONENCIA: Comparecencia Comisión Mixta para el Estudio del Problema de las Drogas.

Oscar Parés compareció en la Comisión Mixta para el Estudio del Problema de las Drogas como portavoz de la FEDCAC. Muchas gracias por tu compromiso y por tu trabajo por la regulación Oscar!

Aquí os dejamos el texto de la ponencia:

Comparecencia Comisión Mixta para el Estudio del Problema de las Drogas.
AGRADECIMIENTOS – A la Comisión Mixta y a la FEDCAC.

Actualmente subdirector de la Fundación ICEERS dedicada a desarrollar y promover el conocimiento
científico para incidir hacia unas políticas de drogas más sostenibles. Soy miembro de una asociación de
usuarios de cannabis de la FEDCAC lo que me ha permitido conocer de cerca la evolución del fenómeno de
las asociaciones en Catalunya. Además, los últimos 3 años he trabajado ininterrumpidamente como
consultor para el Departamento de Sanidad de la Generalitat de Catalunya en el proceso de estudio y
regulación de las asociaciones de cannabis. Por último, mencionar que una de las actividades a la que más
me he dedicado los últimos años ha sido responder a la demanda de información sobre la realidad de las
asociaciones de cannabis españolas formulada por todo tipo de entidades como universidades, instituciones
públicas, medios de comunicación, investigadores y un largo etc. de fuera de España. Les puedo asegurar
que hay un gran interés sobre un modelo que mientras que aquí vive acechado, fuera ya se está replicando.

El objetivo de mi intervención es mostrar como las políticas basadas en la prohibición son poco eficaces y
perjudican no solo a la personas que consumen drogas o las que están cerca de ellas sino a toda la
sociedad en su conjunto y, por otro lado, compartir un seguido de argumentos sobre como las asociaciones
cannábicas son una gran oportunidad para estudiar soluciones y alternativas al fracaso de la prohibición.

Para algunos la regulación legal del cannabis puede parecer radical. Sin embargo, la evidencia legal e
histórica demuestra que, de hecho, es la prohibición la que es una respuesta normativa radical. La
regulación legal de las drogas debería actualizarse para estar en línea con las formas comúnmente
aceptadas para gestionar riesgos sociales y de salud en tantos otros ámbitos de la vida. La prohibición no
puede producir un mundo sin drogas de la misma forma que los modelos regulatorios no pueden producir un
mundo sin riesgos o daños.

El mayor riesgo asociado al consumo de cannabis es el que se deriva de su prohibición. Esto es justamente
lo que da pie a las asociaciones cannábicas. La prohibición tiene una gran cantidad de efectos perniciosos,
como por ejemplo:

– castiga y criminaliza a las personas consumidoras.
– favorece su marginación y estigmatización haciendo más difícil que se dirijan a los recursos sanitarios.
– pone al consumidor al contacto con el criminal.
– promueve la creación, producción y comercialización de drogas más potentes.
– da lugar al desconocimiento sobre la pureza y la composición de un producto de consumo.
– promueve la delincuencia y la corrupción.
– alimenta la saturación y la inoperancia del sistema judicial y policial.
– dilapida recursos públicos.
– promueve la deshonestidad y la mentira.
– deja a los menores y los grupos más vulnerables desprotegidos.
– promueve la infra-utilización del cannabis y otras drogas en contextos médicos.
– maximiza riesgos sanitarios.
– y, promulga una ciencia viciada y la desinformación.

Las medidas represivas no afectan a las prevalencias de consumo. Los estudios muestran que en las
democracias occidentales unas medidas represivas muy duras o más liberales no tienen demasiado efecto
en los niveles de consumo de la población. En cambio, si que hay evidencia de que la educación y la
regulación han conseguido incidir en el uso del tabaco.

Se dice que legalizar el cannabis es peligroso por que más gente lo consumirá. La legalización seguramente
aumentaría el consumo (a mejor acceso más consumo). Pero el debate debería ser en relación al balance
riesgos-beneficios tanto en términos sociales como de Salud Pública y privada. El consumo en sí no es algo
positivo ni negativo, entonces no se deriva necesariamente un beneficio social o de salud pública del
aumento o la disminución del consumo. És más, un aumento del consumo en una situación de regulación
puede ser social y sanitariamente más deseable que la situación actual de hipotético menor consumo. Es
pertinente recordar que según el último Eurobarómetro un 47% de los jóvenes españoles de 15 a 24 años
dan su apoyo a la regulación del cannabis, un índice que ha crecido 12 puntos desde 2011. En EEUU, el
mayor impulsor de las políticas basadas en la prohibición, a parte de los 23 estados en que se ha aprobado
la marihuana terapéutica, dos estados votaron en referéndum la regulación de la marihuana recreativa y, en
una semana, 3 estados más también votaran lo mismo. Es el inicio de una oleada de cambios a nivel
internacional y en este caso, España está siendo observada con mucho interés por ser la cuna de un
modelo de regulación que ofrece algunas respuestas que pueden ayudar construir sociedades más justas.

Hablando ya propiamente de las asociaciones cannábicas. El caso de Catalunya en particular, que es donde
hay una concentración más elevada de estas entidades (unas 350 en total, unas 200 en Barcelona) es por
lo tanto el sitio para intentar analizar algunos datos y especular con ellos. Si analizamos los datos de la
encuesta EDADES desde 2007 hasta hoy en día (sólo datos de población catalana de 15 a 64 años),
veremos que todas las prevalencias de consumo han descendido a medida que crecía el fenómeno de las
asociaciones (consumidores experimentales, alguna vez en la vida/ consumidores ocasionales, alguna vez
último año/ consumidores habituales, alguna vez durante el último mes). En paralelo, las peticiones de
tratamiento han aumentado. El indicador más cercano a una interpretación de consumo problemático es el
de las cifras de consumo en los último 30 días. Sorprende que mientras este indicador ha ido disminuyendo
progresivamente a lo largo de los últimos años las peticiones de inicio de tratamiento hayan aumentado.
Una variable a tener en cuenta en esta ecuación la encontramos en las Memorias de la Consejería de
Interior. El número de sanciones por tenencia o consumo en vía pública, sólo en la Región Metropolitana de
Barcelona, han aumentado progresivamente desde 2009, con 7.000 multas al año (19 al día) a 12.500 en
2012 (una 35 al día). Es plausible que muchas de las personas que se dirigen al programa de tratamiento lo
hagan motivadas por la posibilidad de no tener que hacer frente al pago del importe de la sanción y no por
un problema de salud.
Es pertinente recordar que la futura ley de seguridad ciudadana es una involución importante en el marco de
las políticas de drogas. Representa un retroceso en la perspectiva de salud pública en favor de la mera
represión y recaudación, por ejemplo, retirando la posibilidad de acudir a un programa de tratamiento
alternativo a la sanción para los adultos o triplicando la cuantía mínima de las sanciones por consumo o
tenencia en vía pública.
Pese a que los datos deben ser tomados con precaución, nada parece indicar que la aparición y
popularización de las asociaciones cannábicas conlleve un aumento del consumo en la población.

Además, el modelo de las asociaciones conlleva una serie de valores que podemos considerar
beneficiosos, sobretodo si se compara como alternativa al mercado negro y sus dinámicas. Las
asociaciones de personas usuarias de cannabis:

– fomentan los valores inherentes a la participación ciudadana.
– proponen espacios de encuentro y socialización, de creación de cultura.
– inciden en la formación entre iguales, que contribuye a la reducción de riesgos.
– al no tener ánimo de lucro, no pueden hacer publicidad ni promoción de una sustancia con riesgos.
– dan asistencia legal a sus asociados, también médica a aquellos que lo necesitan
– trabajan en red con otras instituciones.
– es un secreto a voces que muchos médicos del sistema público recomiendan a ciertos pacientes probar,
dirigiéndose una asociación, el efecto terapéutico del cannabis.
– las asociaciones ofrecen un espacio privado en el que se hace la distribución y consumo de cannabis,
reduciendo así la compra-venta en espacios públicos, lo que debería comportar menos dedicación y gasto
policial en la persecución de dichas conductas.
– las asociaciones ofrecen un mejor acceso y conocimiento de la realidad del consumo de cannabis que
permite mejores intervenciones desde la óptica de la salud pública.
– se consigue la separación de mercados de drogas. (recordar Holanda y la génesis de los coffee-shops).
– los socios deben ser previamente consumidores, asegurando el circuito cerrado y ser residentes, frenando
el llamado turismo cannábico.
– no se permite el acceso a menores de edad, pese a que no tratan con ellos, si que les dan un limite a su
potencial expectativa de consumo, algo parecido a lo que pasa con el carnet de conducir.
-por último, las asociaciones han emergido en un contexto de gran crisis de desempleo, sobretodo juvenil.
Las asociaciones generan empleo, aumentan la recaudación de impuestos y cotizaciones y bien pueden
reducir el gasto público.

Lo cierto es que no podremos evaluar en su justa medida la eficacia de las asociaciones cannábicas hasta
que haya un cambio de legislación en el que por lo menos no se castigue penalmente ni se sancione
administrativamente la posesión o el consumo en la vía pública cuando no está destinada al tráfico.
Pero mientras, por todo lo expuesto podemos conjeturar que las asociaciones cannábicas refuerzan el tejido
social, la protección de la salud y la economía legal, mientras, la opción del mercado negro va justamente
en la dirección opuesta.

Hay un elemento que me parece muy ilustrativo y que no quisiera dejar de mencionar. Las asociaciones de
usuarios de cannabis se constituyen justamente como una alternativa al mercado negro, pero cuando sufren
una intervención de la policía en su cultivo o son robados por alguien, o bien tienen que cerrar; de manera
que sus socios volverán a aprovisionarse en el mercado negro, o bien se ven obligados a comprar en el
mercado ilícito. Vemos que es la falta de regulación lo que empuja a las personas cercanas a las
asociaciones a estar en contacto con el mercado negro. Debido a unos tratados internacionales y al mal
gobierno, el problema no es que exista un mercado o una demanda de cannabis, el problema es que sea
visible. Por eso, las leyes favorecen a las grandes mafias que son las que tienen más capacidad y
privilegios para ser menos visibles

El mensaje nuclear de mi exposición no tiene que ver con las drogas, es más bien una llamada hacia un
camino guiado por una ética de la eficacia. El discurso sobre las drogas hunde sus raíces en el prejuicio, la
ignorancia y las mentiras. Hay quien dice que las drogas van a desaparecer el día en que dejemos de
perseguirlas, como pasó con las brujas.
Òscar Parés Franquero. Subdirector ICEERS
Palacio del Senado, Madrid. Martes 28-10-2014
www.iceers.org – news.iceers.org
@NGO_ICEERS – facebook.com/ICEERS
youtube.com/ICEERS
Fundación ICEERS 2014

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