DENTRO DE UNA FÁBRICA DE HASHISH LIBANESA

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El cultivo de la Marihuana se perfila como modo de subsistencia para muchos agricultores libaneses, aprovechando que el Gobierno pone toda su atención en combatir los grupos militantes sirios.

Después de años de contención, la industria de la marihuana está nuevamente en auge en el Líbano, como resultado directo de la guerra civil en la vecina Siria.

Durante años Ali Nasri Shamas, entrevistado aquí, y otros agricultores libaneses vieron sus cultivos ilegales quemadas por el gobierno.
Sin embargo, durante los últimos dos veranos, mientras el ejército se centró en detener los grupos militantes formados en Siria que ganan fuerza en el Líbano, sus plantas han florecido sin ser molestadas.

Las fuerzas de seguridad se han abstenido de destruir los medios de vida de los cultivadores de marihuana que, ya armados hasta los dientes, podrían resultar ser socios útiles para mantener el control de esta parte tribal del país.

Los agricultores también han crecido en confianza: han almacenado AK47, municiones, ametralladoras y granadas propulsadas por cohetes y, se han unido en torno al señor Shamas, que se ha convertido en el representante oficial y defensor de su comercio.
“Estamos vendiendo hachís, y si alguien desde el gobierno trata de acercarse a el, le mataremos” dijo el señor Shamas, sus guardaespaldas fuertemente armados de pie junto a las puertas de dos SUV negros, con los cristales oscuros y sin matrículas.

A lo largo de la historia del país, el comercio de drogas ha florecido en cada período de agitación política y económica.
Tras el estallido de la guerra civil libanesa en 1975, tanto las milicias como los grupos políticos utilizaron por igual esta industria para financiar la guerra: el aumento de la demanda mundial subió los precios por las nubes y lo hizo simplemente demasiado lucrativo para poderlo abolir.

Durante la ocupación siria, Damasco, presionada por EEUU, suprimió el comercio durante varios años, para finalmente ceder ante los señores de la guerra, a cambio de parte de los beneficios.
Incluso durante los esfuerzos para poner freno al negocio, Damasco y Beirut fueron acusados de desviar el dinero de los préstamos dados por gobiernos extranjeros, para desarrollar cultivos alternativos en la empobrecida región de la Bekaa.
Sin un final a la vista para el conflicto de Siria, y una creciente presión en el Líbano para que no sucumba a su violencia sectaria, el futuro para los productores de cannabis de la Bekaa se presenta brillante.

El señor Shamas dijo: “Las familias y los clanes de la Bekaa se han reunido después de que sufrieran hambre. No podían permitirse diesel para la calefacción o educación para sus hijos. Es por esto que empezamos esta confrontación con el Gobierno. Mientras la situación no mejore, no nos iremos.”

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Fuente : Telegraph

Traducido por Fedcac

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