De drogas y datos: Un análisis crítico de la nota de prensa del PNSD sobre EDADES (2013-2014)

PNSD datos drogas consumo edad

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Por: Dr. José Carlos Bouso.

Un año más, como sucede cada dos, el Plan Nacional sobre Drogas (PNSD) ha presentado la Encuesta Domiciliaria sobre Alcohol y otras Drogas 2013-2014 (EDADES) centrada en el consumo de alcohol y drogas en España. También, como cada vez, la presentación oficial del informe ha venido acompañado de la correspondiente nota de prensa por parte del Delegado del Gobierno para el PNSD: en este caso, el Dr. Francisco de Asís Babín.

 

El inicio de la nota de prensa ya apunta hacia cuál es el principal mensaje que se quiere dar a los medios de comunicación para que hagan de portavoces del discurso ideológico del PNSD: la problematización de un sector de la población específico, el de los consumidores de cannabis. Textualmente, la nota afirma que:

<<Entre las drogas cuyo consumo ha descendido en la población general también se encuentra el cannabis. Sin embargo, el inicio en el consumo de esta sustancia muestra una realidad preocupante por la banalización de su consumo y el desconocimiento de sus riesgos. El número de personas que empezaron a consumir cannabis (169.000) supera al de quienes comenzaron a consumir tabaco (142.000). Entre los que se iniciaron en el consumo de cannabis en 2013, 61.000 (el 36%) tienen entre 15 y 17 años.>>

El delegado del Plan, en lugar de congratularse por el aparente descenso del consumo de cannabis en la población general (algo que por otra parte, tal y como veremos a continuación, no es cierto), pone la preocupación en una, también aparente, banalización del consumo del mismo, así como de un, de nuevo aparente, desconocimiento de sus riesgos. Vayamos por partes:

  • Respecto a los consumos de “Alguna vez en la vida”, en 2013, y en comparación con la EDADES inmediatamente anterior, correspondiente a 2011, el porcentaje de personas que ha probado cannabis entre la población de 15 a 64 años ha subido 3 puntos. Los descensos sí que se han producido efectivamente en los consumos enmarcados en los “Últimos 12 meses” y los “Últimos 30 días”, dos décimas concretamente para cada uno de estos indicadores. Respecto aquel consumo que se produce “Diariamente en los últimos 30 días”, las cifras se incrementan también dos décimas. Teniendo en cuenta que este año la muestra sobre la que se ha realizado la encuesta ha aumentado en 1008 encuestados en comparación con la de 2011, un incremento de dos décimas no parece representar cifras significativas. Sí lo parece, por el contrario, el incremento de tres puntos.
  • Con relación a “la banalización del consumo”, desconocemos qué indicadores ha utilizado el Dr. Babín para realizar tal afirmación. Si uno de los indicadores utilizados fuera la “Edad media de inicio en el consumo”, ésta solo ha bajado una décima, algo poco o nada significativo en términos estadísticos. Y ello a pesar de que el cannabis es la droga de mayor disponibilidad percibida dentro de las drogas ilegales (en el informe no aparecen datos sobre disponibilidad percibida de alcohol, tabaco e hipnosedantes, no sabemos por qué razón). Una lectura atenta de los gráficos indica precisamente lo contrario a la banalización: el hecho de que haya aumentado el número de personas que ha probado el cannabis en algún momento de su vida, a la vez que ha disminuido o se ha mantenido su consumo más regular, a pesar de la alta disponibilidad percibida, serían indicadores más directos de que esa banalización solo está en la cabeza del gestor, no en los datos. Los españoles, además, consideran que las mejores “acciones “contra las drogas” son la “Educación en las escuelas”, el “Tratamiento voluntario a consumidores” y el “Control policial y aduanero”, entre otras, y las menos valoradas son la “Legalización del cannabis” y la “Legalización de todas las drogas”. Sería de esperar que una banalización del consumo de cannabis fuera acompañada de un mayor interés por la legalización como medida de mayor eficacia, cosa que no parece ocurrir, al menos con los datos en la pantalla. De hecho, según la encuesta, son precisamente las personas consumidoras las que consideran más importante la legalización. Aún así, llama la atención que un 46% de personas que no han consumido cannabis en el último año considere que la legalización del cannabis sea “Muy importante” y “Algo importante”. Sobra matizar que preguntar si se considera importante o no la legalización del cannabis no es exactamente lo mismo que preguntar si se está o no a favor de la legalización. Tomando estos datos en su conjunto, quizás sería más oportuno concluir que tanto usuarios como no usuarios son muy conscientes de cuáles son los problemas “reales” asociados al consumo de cannabis, así como la mejor forma de contrarrestarlos, lejos de ofrecer una imagen “banalizadora”. Y aquí enlazamos con el punto siguiente: el “desconocimiento de los riesgos”.
  •  En una escala de riesgo percibido que va de 0 a 100, la población española sitúa el “Consumir cannabis una vez o menos al mes” un poco por encima del 60, muy por encima de “Consumir 5-6 cañas/copas el fin de semana” (algo más de 40) y algo por encima de “Consumir hipnosedantes una vez al mes o menos” (casi 60). Y bastante por debajo de “Consumir hipnosedantes una vez por semana o más” (casi 80). Cuando se pregunta acerca de “Consumir cannabis una vez por semana o más”, la percepción del riesgo se dispara a más de 80, por encima de “Consumir hipnosedantes una vez por semana o más”. Eso sí, se sitúa por debajo de “Fumar paquete tabaco diario”, “Consumir 5-6 cañas/copas cada día”, “Consumir cocaína una vez o menos al mes”, “Consumir alucinógenos una vez o menos al mes”, “Consumir éxtasis una vez o menos al mes” y “Consumir heroína una vez o menos al mes”. Suponemos que, cuando el Delegado del Plan hace alusión al “desconocimiento de sus riesgos”, se debe estar refiriendo a este gráfico, lo cual no deja de ser asombroso dado que no hay nada que se desprenda del mismo que parezca apoyar tal afirmación. A no ser que lo que al Delegado le gustaría fuera que la percepción del riesgo del consumo de cannabis se situara a la altura de la percepción de riesgo de drogas más peligrosas como el tabaco, el alcohol, la heroína o la cocaína. Si es así, entonces el Dr. Babín no parece querer que la población tenga un conocimiento preciso de los riesgos que comporta el consumir cannabis, sino que ese conocimiento sea exagerado. Las razones por las que un gestor quisiera que la población que le concierne tenga un desconocimiento exagerado (por lo alto o por lo bajo, eso da igual), de la realidad, son inescrutables y, en cualquier caso, no son extraíbles de la lectura de los datos.
  • No sabemos qué quiere hacer indicar el Delegado del Plan cuando dice que “El número de personas que empezaron a consumir cannabis (169.000) supera al de quienes comenzaron a consumir tabaco (142.000).” Primero, al no presentarnos cifras porcentuales desconocemos la representatividad real de esta cifra. Segundo, la edad media de inicio en el consumo de tabaco es de 16,4 años, más de dos puntos por debajo de los 18,6 años para el caso del cannabis. Por último, parece mejor noticia saber que cada vez hay menos personas se inician en el tabaco que conocer que son menos que los que se inician en el consumo de cannabis dado que, como hemos visto en el punto 1, si bien las cifras de inicio han subido, las de consumo más habitual se mantienen mucho más estables en términos estadísticos y en cualquier caso están muy por debajo de las cifras correspondientes a las personas que se inician en el consumo.

En el segundo párrafo de la nota de prensa, el Delegado del gobierno del PNSD sigue insistiendo en la problematización del consumo de cannabis:

<< “Los datos confirman la extensión de patrones de consumo problemático de esta sustancia. El 2,2% de la población española de 15 a 64 años (más de 700.000 personas) cumple los criterios requeridos para el diagnóstico de consumo problemático de cannabis. Además el consumo diario de cannabis sube dos décimas hasta el 1,9% de la población encuestada de entre 15 y 64 años, lo que supone que alrededor de 620.000 personas fuman cannabis todos los días” ha explicado Babín.>>

Bueno, aquí ya vemos una primera contradicción del Delegado del Plan. Si en el primer párrafo afirmaba que el consumo de cannabis había descendido, aquí ya matiza que el consumo diario ha subido dos décimas. Teniendo en cuenta que dos décimas no parecen representar incrementos significativos en términos reales, sí parece que es una cifra que al Delegado le resulta interesante de explicitar en términos poblacionales. No sabemos si esto es bueno o malo, pues el Dr. Babín no emite valoraciones al respecto, simplemente lo resalta. Como resalta que el 2,3% de la población española cumple los criterios para el diagnóstico de consumo problemático de cannabis. Parémonos aquí. Primero de todo: el “consumo problemático de cannabis” no es ningún diagnóstico, es una mera valoración que se deriva de la puntuación al responder a un cuestionario que tiene las siguientes preguntas: 1) “¿Has fumado cannabis antes del mediodía?”; 2) “¿Has fumado cannabis cuando estabas solo?”; 3) “¿Has tenido problemas de memoria al fumar cannabis?”; 4) “¿Te han dicho los amigos o miembros de tu familia que deberías reducir el consumo de cannabis?”; 5) ¿Has tratado de reducir o dejar de consumir cannabis sin conseguirlo?”; 6 ) “¿Has tenido problemas debido a tu consumo de cannabis (disputa, pelea, accidente, mal resultado escolar, etc. )?”.

Estas preguntas son las que componen el cuestionario CAST (siglas en inglés de Cannabis Abuse Screening Test; o Test de rastreo de abuso de cannabis). No se trata de un test de diagnóstico sino de una entrevista para rastrear posibles problemas relacionados con el abuso del cannabis. Ningún clínico honesto puede emitir un diagnóstico basándose solamente en las puntuaciones en este test, las cuales pueden ser un indicador de abuso, nunca un diagnóstico. Los diagnósticos deben basarse en información más completa de la persona. Un test de este tipo, aplicado fuera del contexto de una entrevista clínica en contextos poblacionales no solo está mal empleado, sino que cualquier interpretación que se pueda hacer del mismo es perversa, sencillamente porque todas y cada una de estas preguntas, sacadas del entorno y el contexto de la persona a quien se pregunta, no significan nada. En la encuesta tampoco se ofrecen datos acerca de qué preguntas han sido las más frecuentemente contestadas. Además, la validez y fiabilidad del CAST (es decir, si mide lo que dice medir –abuso- y si mide bien) están poco estudiadas, al menos entre la población española. Por lo tanto, cualquier conclusión que se saque de la administración de esta prueba, en ausencia de pruebas complementarias, es, sencilla y claramente, pura especulación.

<< Babín también ha subrayado el riesgo para la salud que supone el consumo intensivo del cannabis y su capacidad adictiva. “Por primera vez en nuestro país, el cannabis se ha convertido en la droga que más demandas de tratamiento genera entre las personas que solicitan ayuda por primera vez, superando a la cocaína y la heroína. Además, el 72% de los que acudieron a recibir tratamiento por cannabis en 2012 consumía diaria o casi diariamente”.>>

Para conocer más precisamente cuál es el riesgo para la salud que supone el consumo intensivo del cannabis, de nuevo carecemos de indicadores. En el único documento de que se dispone (un power point con 33 diapositivas) no aparecen cifras sobre los problemas manifestados por los consumidores de cannabis. Estaría bien conocer, en futuras encuestas, cuáles son las quejas concretas que refieren los consumidores. Por otra parte, no se debe olvidar que en España todavía es posible sustituir una multa por tenencia o consumo de cannabis en la vía pública si la persona sancionada se somete a un tratamiento voluntario. Como no se aporta este dato concreto, se desconoce el porcentaje de personas que acuden a tratamiento porque realmente lo necesita, del que lo hace para no pagar la multa, máxime en tiempos de crisis. Si tenemos en cuenta, además, que el mayor consumo se concentra en jóvenes, con eventualmente menor poder adquisitivo que los adultos, y cuyos consumos son más proclives a darse en espacios públicos donde es más fácil ser presa de la policía, podemos entender que, efectivamente, muchas de estas peticiones de tratamiento son más para evitar pagar la multa que por necesidades de salud. Por consiguiente este indicador, de nuevo utilizado sin aportar información suplementaria, carece de significado real.

<<El delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas asimismo ha mostrado su preocupación por “el consumo de cannabis en menores de edad, que es mayor que en el resto de los encuestados”, sobre todo si se tiene en cuenta la baja percepción de riesgo que los ciudadanos tienen respecto a esta sustancia en comparación con otras. Entre los menores de 15 y 17 años, el consumo de cannabis en el último año es 5 puntos superior al registrado entre adultos.>>

Gracias a las anteriores EDADES e informes similares sabemos que, aunque por ahora no se haya indicado en el informe que aquí nos ocupa, para todas las drogas, incluyendo alcohol y tabaco (y exceptuando el caso de los hipnosedantes), los consumos se sitúan especialmente en franjas de población joven, y que con la edad los indicadores de consumo van disminuyendo. Si bien compartimos con el Dr. Babín su “preocupación” por el consumo de cannabis en menores de edad, esas cifras se refieren al consumo en el último año, no refiriendo la encuesta datos respecto al consumo en el último mes o a diario, que serían indicadores más aproximados sobre incidencia real de consumo. En cualquier caso, la edad de inicio de consumo se sigue situado en dos años por encima de la edad de inicio del consumo de alcohol, por ejemplo, que sí se sitúa en “niveles elevados”, de acuerdo con el informe del Plan. Con relación, de nuevo, a la percepción del riesgo, ya se ha comentado más arriba de manera más específica cuál es la percepción de la población general al respecto. En cualquier caso, una preocupación real de un fenómeno no debería tener como respuesta la problematización del mismo, ni una persecución legal, policial, ni mucho menos acarrear un estigma social, pues entonces nos encontraremos con el efecto opuesto al que queremos conseguir, esto es, un descrédito de las instituciones, que es lo que pasa en muchos caso con la población juvenil.

Sorprende la ausencia de una valoración crítica del Delegado del Plan acerca de que los hipnosedantes se sitúen como la tercera sustancia que presenta un mayor consumo entre la población española, por debajo del alcohol y del tabaco pero por encima del cannabis y del resto de drogas ilegales. Ni que tampoco haga una valoración sobre la percepción del riesgo para este tipo de sustancias por parte de la población.

Por último, realizaremos una única valoración con relación a las cifras de incidencia del consumo de cocaína. Si bien la nota de prensa afirma que “su consumo continúa disminuyendo”, lo cierto es que los consumos de “Alguna vez en la vida” suben 1,4 puntos y los de los “Últimos 12 meses” y “Últimos 30 días” apenas bajan una décima con relación a 2011. La buena noticia, y de esto sí debería congratularse el Dr. Babín -aunque por su obsesión en los consumidores de cannabis haya dejado de lado el análisis sobre consumo del resto de drogas-, es que la edad media de inicio de consumo sigue incrementándose año tras año, situándose para el 2013 en los 21,3 años.

Y hasta aquí las valoraciones más estrictamente relacionadas con la presentación de la encuesta EDADES 2013, pero no podemos dejar pasar la ocasión de contextualizar la misma. Hay una reflexión que el Dr. Babín siempre dejará de lado: que para las personas consumidoras lo más problemático con relación al cannabis no es el consumo en sí, sino las leyes que les acosan y sancionan. Y que para las personas no consumidoras, el gasto público que implica la persecución del cannabis es un despilfarro evitable. Más allá de las invocaciones catastróficas que dan vida al personaje, los hechos dicen que en la España del PP, una nueva ley de tráfico sanciona con 1.000 euros (y la retirada de 6 puntos) el dar positivo en los test de carretera. El nuevo proyecto de Ley de Seguridad Ciudadana prevé doblar el importe de las sanciones por consumo o tenencia en vía pública y retirar la posibilidad de substituir el pago de la multa por un tratamiento sanitario. La fiscalía  y el mismo Dr. Babín muestran su rechazo total a la regulación de los Clubes Sociales de Cannabis (CSC): han recurrido la ordenanza de Donostia y la ley foral de Navarra que regula los CSC. Y por rizar el rizo, tal y como nos recuerda Claudio Vidal, el coste de realizar la ESTUDES 2013 ha sido de 500.000 Euros y el resultado un powerpoint de poco más de 30 diapositivas. Conclusión: hay algo más peligroso, alarmante y ridículo que la disminución de la percepción de riesgo o el aumento del consumo en los colectivos vulnerables: las políticas de doble moral. Lex mala, lex nulla.

Para un análisis de otros aspectos de esta encuesta, ver: http://psilocibes.com/?p=613

Nota: Gracias a Òscar Parés y a Constanza Sánchez, de ICEERS, por la lectura crítica de este texto y por sus comentarios.

 

Fuente: ICEERS

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