Auge y caída de los ‘coffee shops’: las nuevas leyes para eliminar la producción de marihuana en Holanda

coffeeshop auge y caida hollanda

Los sucesivos gobiernos conservadores han adoptado una postura de aumento de la presión contra a la producción de cannabis, que está impulsando el aumento de la criminalidad asociada así como un descenso de la marihuana de calidad. El objetivo final: reducir al máximo la producción y dejar de ser un destino turístico cannábico.

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Hace veinte años, Holanda era un ejemplo de aperturismo en Europa. Un lugar que acogía con los brazos abiertos cualquier avance en materia cannábica, y que se convirtió en un paraíso plagado de ‘coffee shops’ y de turistas que encontraron allí su lugar de referencia para consumir marihuana.

La escena ha cambiado considerablemente. Los sucesivos gobiernos conservadores han ido estrechando poco a poco el marco legal en el que funcionan los ‘coffee shops’, creando leyes con las que han cerrado bastantes de ellos, que limitan la compra de marihuana por cada cliente, incluso con propuestas de crear un pase especial sólo para holandeses y vetar la entrada de turistas a los mismos. El objetivo es reducir la oferta todo lo posible.

Tanto es así, que el pasado 11 de noviembre de 2014 el Senado holandés aceptó una propuesta legislativa de ministro de Seguridad y Justicia Ivo Opstelten que persigue penalmente a las personas o empresas que suministren o promueven el cultivo ilegal de cannabis, una ley que se conoce popularmente como ley “grow shop” y que ha entrado en vigor el 1 de marzo.

¿Cómo estaba la situación en Holanda antes de este nuevo mazazo legislativo? “Ya se estaba prohibiendo desde cultivar cannabis hasta vender marihuana a extranjeros en algunas ciudades”, explica a Dinafem Mauro Picavet, activista y fundador del portal holandés The Stoned Society.

Pero tal vez lo que más llama la atención sea el cierre de ‘coffee shops’. Ya en 2013 algunos propietarios fueron arrestados y condenados por vender marihuana a extranjeros con multas de hasta 2.500 euros (y las sanciones no hacen más que aumentar). Sin embargo, estos templos cannábicos llevaban tiempo sufriendo políticas restrictivas pues, como nos explica Sidney Smeets, abogado holandés experto en la materia, entre 1999 y 2012 desaparecieron 195 establecimientos de este tipo.

Solo en 2014, 41 ‘coffee shops’ se vieron obligados a cerrar por una normativa (la ley ‘weedpass’, también impulsada por el ministro Ivo Opstelten) que exigía que estos locales estuvieran a más de 250 metros de escuelas y centros de formación profesional. También se prohibió el consumo de alcohol entre sus paredes. Podrían haber sido 164 las víctimas de las medidas gubernamentales, pero “el alcalde de Ámsterdam llegó a un acuerdo” con el Departamento de Justicia holandés por el que se comprometió a cambiar las normas de los ‘coffee shops’ (reajustando, por ejemplo, sus horarios de apertura) a cambio de que fueran menos los que tuvieran que poner fin a su actividad.

Desgraciadamente, la cosa va más allá. Nos explica el abogado que la actual Ley del Opio prohíbe todas las actividades relacionadas con la venta, producción y transporte de cannabis, “aunque existe una política especial para esos ‘coffee shops’”. Estos establecimientos tienen permitida la venta siempre y cuando no posean en ‘stock’ más de 500 gramos de cannabis y no vendan más de 5 gramos por persona. “Es algo que crea una extraña situación, ya que estos centros pueden vender cannabis pero no pueden comprar todo lo que les demanden”, lo que les puede llevar a recurrir a fuentes ilegales y poco fiables, según el abogado.

Por si fuera poco, la normativa que va a afectar de manera más importante a los productores, porque ataca directamente a los cimientos del sistema de cultivo, tiene prevista su entrada en vigor a principios de este mes: la ley ‘grow shop’, que impondrá penas a aquellos que vendan cualquier elemento relacionado con el cultivo profesional de marihuana.

Esta ley afectará no solo a las compañías relacionadas con el cannabis, sino también a aquellas empresas que comercialicen productos de jardinería (aunque no estén directamente relacionadas con el cultivo de marihuana), que podrían ser procesadas y condenadas a penas de hasta tres años de cárcel y 81.000 euros de multa. Incluso los centros de jardinería tradicionales se verán obligados a informar de los clientes que estén cultivando marihuana. Y la prohibición también se extenderá a otros suministros, como empresas de transporte, alquileres de cobertizos o graneros y hasta los electricistas que ayuden en la producción. “Todas las actividades que puedan relacionarse con el cultivo de marihuana serán ilegales”.

Esto significa que los ‘grow shops’ que venden semillas no van a poder comercializar otros productos, explica el abogado Smeets. Aunque parezca increíble, los productos vetados pueden ser desde fertilizantes a lámparas o jarras para el agua. La ley ‘grow shop’ derivará a la Fiscalía a todos los actores del cultivo profesional de cannabis, aunque habrá que demostrar una asociación organizada entre el productor y, por ejemplo, el propietario del sitio de cultivo, el proveedor de las plantas o el electricista que instaló el sistema eléctrico. Si esta conexión es creíble, el proveedor puede ser acusado de complicidad y resultar procesado, aunque todos los materiales y las acciones se refieren siempre al “cultivo profesional de cannabis a gran escala”, lo que dejaría también mucho espacio para una interpretación clara de la ley.

Asimismo, y desde la presentación en junio de 2011 de un informe relacionado con la política cannábica, el gobierno holandés está debatiendo si debe o no definir el cannabis como “droga dura” cuando contenga más de un 15% de THC, lo que ya podría tocar el punto más bajo en el declive de la política holandesa referente a las drogas, al abrir la puerta a que los pacíficos cultivadores de cannabis pudieran ser perseguidos como los productores de, por ejemplo, metanfetamina o heroína. “Esto sería un desastre porque nadie puede medir el THC de cada planta”, explica Picovet, y asegura que quienes apoyan la legalización seguirán luchando para que la medida no entre en vigor. “Soy optimista, creo que podremos frenarla, la base de la política moderna sobre drogas holandesa está en juego”.

La que sí está en vigor es otra ley que actúa contra las personas que conducen bajo los efectos de los cannabinoides. “No prohíbe solo que vayas fumando en el coche, sino también que tengas restos de cannabinoides en la sangre”, explica Picavet. Entre las sanciones se cuentan desde la retirada del carné de conducir a cuantiosas multas económicas.

En cuanto a las semillas, “la venta de variedades de marihuana feminizadas seguramente acabará constituyendo una infracción”. Según explica el abogado, “se relacionará con el cultivo”, aunque no se pueda demostrar que vayan a cultivarse. Es más, aunque algunos municipios hacen la vista gorda con quienes poseen menos de cinco plantas, “cualquier número es ilegal en Holanda”. Parece ser que de momento el suministro de productos para los cultivadores caseros seguirá estando fuera del alcance de la ley ‘grow shop’. Solo de momento.

Las consecuencias de estas restricciones se anticipan numerosas. Smeets dice que, por ejemplo, complicará que los usuarios cultiven cannabis de forma responsable y segura. Además, los ‘coffee shops’ ya no pueden dejar esta tarea en manos de agricultores de confianza, como hacían hasta hace poco. “A partir del próximo mes, los ‘coffee shops’ se verán obligados a recurrir a organizaciones criminales para tener suficiente suministro en sus tiendas”, añade.

También opina que el propio Gobierno holandés, al permitir la venta de cannabis por parte de los ‘cofee shops’ pero no la compra en cantidades suficientes para satisfacer la demanda, se ha convertido en un “cómplice implícito” del cultivo ilegal de marihuana por parte de esas organizaciones delincuentes. Picavet añade que, desde que esta ley se aprobó, la cantidad de ciudadanos holandeses que se han enfrentado a sanciones penales “ha crecido de manera desproporcionada”.

¿Clubs sociales de cannabis en Holanda?

Como se puede observar, no es poca la presión que se está formando sobre el gobierno conservador de Holanda para que finalmente pueda resolver esta paradoja y regular la producción de cannabis para los ‘cofee shops’. Mientras el ministro Opstelten esté en el poder, esto probablemente nunca sucederá. La buena noticia es que ya está activo el primer club social de cannabis en Holanda, el “árbol de la vida” en Amsterdam, un concepto pionero que puede cambiar las tornas de esta guerra contra el cannabis en Holanda.

Fundado en septiembre de 2014, este CSC representa un enorme desafío para las autoridades municipales, que ahora se enfrentan a un dilema: actuar contra un club con apenas medio centenar de miembros crearía una situación ridícula, puesto que ya en Amsterdam existen docenas de ‘cofee shops’ que obtienen su cannabis en el mercado ilegal. Sin embargo, tolerar su existencia sería poner en conflicto a los ayuntamientos con el Ministerio de Justicia, que se opone a cualquier medida de flexibilización de la política restrictiva hacia el cultivo de cannabis.

Estos clubs sociales podría ser la palanca que permite a los gobiernos locales experimentar con la regulación, independientemente de lo que el gobierno central estipule. Los activistas en las ciudades de Eindhoven, Utrecht y Groningen ya están ocupados en la creación de clubes sociales de cannabis en estos momentos. Y al igual que antes ocurrió con los ‘cofee shops’, el cambio vendrá de las iniciativas del movimiento asociativo ciudadano, y no de los políticos.

En cuanto a la intención de considerar “droga dura” al cannabis con más de un 15% de THC, el abogado recuerda que “ese nivel solo puede ser probado en un laboratorio”. Además, afirma que “no hay estudios” que demuestren que el cannabis con un porcentaje mayor de THC “sea peligroso para la salud”.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Smeets explica que los ciudadanos holandeses tienen la “desgracia” de un Gobierno “malo, populista, antiliberal y conservador”, que tiene bastante mala reputación “porque se opone a cualquier cosa relacionada con la regulación del cannabis”. Para que nos hagamos una idea, el activista Picavet explica que el primer ministro, Mark Rutte, llama “basura” al cannabis, mientras que su predecesor, Jan Peter Balkenende, “solía decir que la marihuana venía de Satanás”.

Por suerte, los jueces holandeses “están cada vez más hartos de esa política hipócrita y han perdonado más de una vez a propietarios de ‘coffee shops’ e incluso a cultivadores sancionados”, señala el abogado.

En su opinión, los Países Bajos deben recuperar su posición como uno de los líderes mundiales en materia cannábica, ya que cuentan con las herramientas adecuadas para conseguirlo: una buena cultura sobre el cannabis y un buen sistema de ‘coffee shops’ donde la gente puede comprar marihuana de buena calidad de forma responsable. “Lo que se necesita es un buen sistema que regule la oferta y el cultivo garantizando la máxima seguridad a los consumidores”, sentencia.

 

Fuente: Dinafem

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